Biblioteca Infinita

En este espacio me atrevo a recomendar obras literarias que me robaron el corazón. No hay un motivo en específico; puedo hablar de la manera en que se escribe o de la estructura de la narración, pero siento que hay algo más que hace que tenga la necesidad de que el resto del mundo las conozca.

Siento que me producen una falsa sensación de nostalgia, de anhelo por una época, de extrañar algo que nunca viví. En internet se habla mucho de este fenómeno desde que “Plastic Love”, de Mariya Takeuchi, apareció como por arte de magia en nuestros inicios de YouTube, allá por el año 2015.

Aunque este concepto, llamado “anemoia”, fue acuñado por John Koenig en 2012 para su proyecto The Dictionary of Obscure Sorrows. La palabra proviene del griego anemos (viento) y noos (mente), utilizando como metáfora la “anemosis”: la forma en que el viento fuerte puede doblar las ramas de un árbol hacia el pasado.

Esto no es para nada académico; no se trata de una definición reconocida por la comunidad científica. Son fenómenos relativamente nuevos que nacen y viven en internet y que, muchas veces, nunca salen al plano de la vida real.

¿No es simplemente fascinante? Es como si en internet nos transportáramos a otro sitio, a un lugar astral sin leyes ni limitaciones. Todo esto es lo que me hacen sentir los libros que voy a recomendar.

Kitchen de Banana Yoshimoto

Empecemos por una gran obra, Kitchen, de Banana Yoshimoto. Este libro fue un antes y un después en la forma en que veo las cocinas, especialmente las de las casas, las de los hogares.

La autora sabe muy bien cómo transmitir esa sensación de angustia, pero también la esperanza de que algo mejor va a suceder. En sí, el argumento es tan sencillo que se permite explorar los sentimientos que atraviesan los personajes; esa es el alma de Kitchen. Usar la cocina como pretexto para la exploración, para la introspección.

Rascar en lugares sensibles, hasta el punto de lastimarse por tanto rascar. Si tiene la necesidad de llorar para desahogarse, por favor, lea Kitchen.

La caza del carnero salvaje de Haruki Murakami

Otra gran obra de la que no me canso de leer, porque siempre le encuentro algo nuevo, es La caza del carnero salvaje, de Haruki Murakami. Esta obra es simplemente magnífica. Entre el pasar de las páginas, uno más perdido se siente, al igual que el protagonista.

Encima, el protagonista debe buscar una aguja en un pajar en Hokkaido. ¿Cómo va a cumplir esa misión si ni siquiera sabe cómo encontrarse a sí mismo?

Gracias a Murakami, aprendí que la imaginación no tiene límites, que la fantasía y el realismo de la vida pueden convivir tranquilamente en un mismo plano. Es tan fino el límite entre la realidad y la ficción que nunca se sabe hasta qué punto alguna palabra no es, en realidad, una metáfora, o si la mente del protagonista está mezclando la fantasía con la realidad, o la realidad con la fantasía, o quizá ambas.

Si quiere viajar por la pura fantasía que crea Murakami, por favor, lea La caza del carnero salvaje.

Rashōmon de Ryūnosuke Akutagawa

Una joyita a la que siempre vuelvo porque es mi lugar seguro es Rashōmon, de Ryūnosuke Akutagawa. Para que Murakami pudiera correr, Akutagawa tuvo que caminar.

En este relato corto se explora la decadencia humana y hasta qué punto puede llegar el ser humano. Se le pone la piel de gallina a uno con solo pensar qué haría si estuviera en esa situación.

Si está desorientado en su moral o en su vida, por favor, lea Rashōmon.

También existe una película, aunque no es igual a la obra literaria. Sin embargo, también vale la pena verla, porque pone a prueba la moral del ser humano en otras circunstancias.